Ideas sencillas sobre el Plagio: Citación y Atribución en Trabajos Académicos


Originalmente publicado por Lluís Codina • 18 abril, 2016:

Esta entrada también podría llamarse “No seas ni estúpido ni miserable: cómo evitar meterse en líos con acciones de copiar y pegar” (pero mi pluguin de SEO me pondría un semáforo rojo por no usar la palabra clave en el título). También podría titularse “No te pegues un tiro en el pie”.

La motivación para escribir sobre el plagio es el enésimo caso de personaje más o menos importante de la política o de la cultura al que denuncian por haber sido acusado de cometer plagio en su tesis doctoral y, en lugar de apresurarse a pedir disculpas (o callar), propone teorías delirantes sobre que es y que no es plagiar. 

Me equivoco a menudo (y seguro que me doy cuenta apenas de la mitad de mis errores), así que debo ser muy comprensivo con los errores ajenos, aunque solo sea por solidaridad. Pero esto me supera.

Por cierto, en el gráfico que encabeza esta entrada podemos ver que, tanto por frecuencia como por gravedad, los principales casos de plagio son los que se identifican respectivamente como “clone” y “control-c“. Es decir, apenas dos variedades de lo que a solemos llamar “copiar y pegar”.

Así que, para ser muy directos, digamos que este tipo de plagio es una de las acciones más estúpidas y a la vez más deshonestas en la producción de una obra académica, ya sea una tesis, un trabajo de final de máster o un artículo científico.

Es estúpida porque puede arruinar todo un trabajo académico y a veces toda una carrera aunque el fragmento copiado represente apenas una fracción de un trabajo mayor, entre otras cosas porque una falta de integridad moral demostrada en un caso, si es grave, puede poner en duda toda su producción anterior y posterior. Se supone que en la búsqueda de la ciencia, la verdad es el primer compromiso.

Es deshonesta no solamente por lo que seguramente están pensando, o sea, porque alguien se atribuye unas palabras o unas ideas que no le pertenecen. Lo es porque además, le niega lo mínimo que podemos dar al legítimo dueño de unas palabras o de unas ideas que nos han sido útiles, a saber: nuestro reconocimiento.

Los académicos saben perfectamente que a un autor le puede ser reconocida una labor investigadora si puede demostrar que su trabajo ha merecido citas. Si en lugar de eso, ha obtenido apropiaciones sin mención, ese autor puede haber perdido una oportunidad que le hubiera hecho obtener una acreditación o un reconocimiento de otro tipo. Sé que puede parecer exagerado, pero así son las cosas en el mundo académico actual.

Por eso, cada vez que alguien copia y pega líneas de texto de un trabajo ajeno, ya sean muchas o pocas, y lo hace pasar por propias, no solamente está llevando a cabo una praxis nefasta, sino que está siendo miserable con otro autor.

Las excusas vs las ideas básicas sobre el plagio académico

Para peor, ya hemos dicho que casi siempre, el autor encontrado en falta en lugar de aceptar el error o guardar silencio, reacciona airado y con sorprendentes teorías sobre qué es y qué no es plagio. No vamos a intentar rebatirlas, aunque algunas son realmente divertidas.

Recordemos solamente que alguno de estos plagiadores ha dicho literalmente que lo suyo no era plagio porque solamente eran unas pocas las páginas copiadas. Impresionante. Otros famosos plagiarios han explicado delirantes teorías sobre la intertextualidad para justificar haber metido, sin distinción ni atribución, en su obra, como si fuera propia, multitud de fragmentos de obras ajenas. Otros alegan haber cumplido porque han incluido en la bibliografía las referencias de las obras plagiadas, etc.

Ante tal despliegue, al menos podemos retener algunas ideas muy sencillas que creo que corresponden a las buenas prácticas más aceptadas en el mundo académico. Para presentarlas vamos a articularlas en una premisa y en tres condiciones:

La premisa básica

Si las palabras o las ideas no son del autor, deben ser atribuidas. Como dirían los lógicos, no hay una tercera opción, tal como apropiarse de las ideas si en el conjunto de nuestra obra ocupan una pequeña parte.

Recientemente, he tenido oportunidad de consultar un white paper sobre el tema (Turnitin, 2015) publicado por una de las empresas más destacadas en la lucha contra el plagio. En este documento, proponen una especie de test para decidir sobre el plagio que por su sencillez, reproduzco aquí:

An act of plagiarism would seem to be easy to recognize based on simple criteria: Is the work the author’s own creation and written in the author’s own words? If not, does the writing provide appropriate credit to previous work?

Por lo tanto, de acuerdo con esta primera idea, que creo que está muy extendida, al menos en el mundo académico, la consideración de plagio no tiene nada que ver con la extensión de lo plagiado con relación a la extensión total de la obra. Tampoco importa si las palabras copiadas expresan una idea extremadamente original o es simplemente (o nada menos) una frase bien construida sobre un tema conocido. Y esta es la simple premisa básica que volveremos a repetir: si la idea o el discurso no es nuestro, hay que atribuirlo.

Ahora bien, en algunos casos, el plagio, por error o por mala fe, se produce porque la atribución se produce de forma parcial. Para realizarla de forma completa necesitamos tres cosas: citar, atribuir y delimitar.  Son de sentido común, pero las vemos a continuación con un poco de detalle.

Citar

El acto de añadir una referencia bibliográfica en la bibliografía final (o en el cuerpo de un trabajo) es absolutamente necesario, pero solamente es la primera de las tres condiciones que se exigen para poder usar palabras literales o ideas ajenas. Las otras dos, las veremos a continuación.

Atribuir

Aunque ya hemos dicho que citar es imprescindible, la clave está en la atribución en sí, cosa que consiste, literalmente, en atribuir la autoría a quien corresponda. Si un autor desea beneficiarse de las palabras o de las ideas de otro autor, no solamente debe incluir la referencia de tal obra en el apartado bibliográfico, sino que debe atribuir sin ambigüedad la autoría de la misma en el contexto de la obra.

Delimitar

La tercera condición consiste en delimitar mediante alguna convención exenta de ambigüedad la extensión exacta de la idea o de la parte literal citada. Y esto se suele hacer o bien entrecomillando la totalidad del texto ajeno, desde que empieza hasta que acaba, cuando la cita literal ocupa solamente una o dos líneas, o bien destacándolo en un párrafo aparte con una tipografía diferenciada (se suele utilizar un sangrado diferente y/o una familia o un cuerpo menor) para que quede claro, igualmente donde empieza y dónde acaba.

En resumen, para usarde forma legítima  ideas y/o textos literales ajenos, la única fórmula posible es:

citación + atribución + delimitación

Un par de aspectos adicionales que mencionaré por si acaso. Primero:  todo se puede citar y atribuir. No hace falta que esté publicado. Si he tenido la suerte de enterarme de una buena idea en una conferencia, también puedo atribuir esa idea citando al conferenciante y atribuyendo la paternidad de la idea a quien corresponde (en lugar de dejar al lector que crea que es mía).

Segundo. Atribuir las ideas a quien corresponde no resta ni un gramo de mérito a nuestro trabajo. Lo contrario sería más cierto. Pretender que nuestro trabajo no es deudor de nadie que haya hecho aportaciones anteriores es un signo de fraude. De hecho, citar es mucho más un aliado que un enemigo de los autores. Citando y atribuyendo reforzamos nuestra posición y nos legitima, precisamente, para poder dar un paso más adelante.

Conclusiones

Siempre puede haber dudas sobre si conviene atribuir una idea cuando es muy, pero que muy reconocida. ¿Debemos, cada vez que hablemos del ADN, citar el famoso artículo fundacional de James Watson y Francis Cricks?

La cuestión es que, mientras que en algunos casos la atribución de las ideas puede padecer de este (pseudo) problema, el acto deliberado de copiar y pegar es evidente que carece totalmente de esta ambigüedad. Uno sabe en cada momento lo que está escribiendo por su mano y lo que está copiando y pegando procedente de otro autor o de otra fuente (de la Wikipedia, por ejemplo). Y si lo copiado ocupa varias páginas, óbviamente no se trata de un problema de “no recordar” que la idea la había tomado de otro autor.

Es evidente que no es lo mismo copiar unos pocos párrafos que unas cuantas páginas, y no es lo mismo en el contexto de, por ejemplo, un artículo que en una tesis doctoral. Que sea de suficiente gravedad, en el caso de una tesis, para que merezca que le sea retirado (o no) el título de doctor al autor, o para que un artículo sea retractado (o no) de una publicación es algo que, por su gravedad, debe considerarse con el cuidado que merece en cada caso, porque otra norma elemental nos dice que la gravedad de la sanción debe estar siempre relacionada con la gravedad de la falta. Pero una cosa es clara: plagio es plagio.

La legislación, al menos la española, sobre propiedad intelectual parece que no es de mucha ayuda para el ámbito académico. No tengo formación jurídica, y lo poco que entiendo me hace creer que la legislación sobre el plagio está más o menos limitadas a ámbitos artísticos o industriales y en los que, lo que anda en juego no son temas de integridad intelectual, sino de dinero.

Pero lo anterior no evita que cualquier académico, me atrevería a decir que incluso cualquier estudiante de educación primaria (ya que esto tiene que ver con un sentido intuitivo de la justicia) pueda entender que no solamente el plagio es destructivo y deshonesto, sino que es algo que las autoridades académicas tienen la imperiosa obligación de evitar en cualquiera de sus grados.  

Dicho de otro modo, ninguna institución académica puede eludir su compromiso total contra el plagio. ¿Imaginan lo contrario? ¿Pueden imaginar una norma que dijera, por ejemplo: “en nuestra Universidad copiar un poco está permitido”. No, ¿verdad? Pues no importa si son 4 páginas de una tesis de 400. Es plagio. Aquí y en Pernanbuco.

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Acerca de pedrobrito2004

Docente en la Escuela de Comunicación Social – UCV. Investigador de la UIRHDS del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales,FaCES-UCV.
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